Vlad Circus: Curse of Asmodeus

  • Desarrollador: Indiesruption
  • Plataformas: PC,  PS4, PS5, Xbox One, Xbox Series X/S y Nintendo Switch.
  • Link Steam: click aquí
  • Lanzamiento: 26 de Agosto de 2025

Volver a empezar. Cuando posees poco o nada, perderlo y reiniciar se torna más sencillo. Y si, por alguna extraña razón, morir no entra en tus planes, ya dispones pues de ese aliciente o motivación. Josef Petrescu es uno de esos. Repudiado por el único que le podría tolerar, su hermano Vlad, y defenestrado a ojos de un mundo que le etiqueta a la categoría de parásito y que únicamente el whisky logra diluir. Tal que aquel que toma la última copa; tal que aquel que ruega una última oportunidad. Anhelos de bajo coste. Tan solo, dignidad.

Vuelven las estrellas de su propio espectáculo: Diego Cánepa, Pablo Mamone, la pluma de Durgan A.Nallar y demás colaboraciones. Y regresan con la historia de ese circo ambulante del cual todos sabíamos que podría rendir considerablemente más.

Rendir, por mitología y universo, no tanto por calidad. Cierto es que la aventura, vista desde el gallinero, tiene jugadas que ofrece el centrocampista que no te explicas como el delantero las puede fallar. Pero es su sistema de juego; su equipo. Creerse más listo que el entrenador —volvamos ya: que los autores— a veces es equivocarse sin juicio previo. Las tres ingenierías del hincha. Puro pecado capital.

Josef también es de los que se equivocan por exceso. En la primera aventura de hace justo dos años, solo oímos hablar de él, y para mal. Muy mal. Prenderle fuego al circo que dirige tu hermano justifican los chismes untados de ira que nos hicieron llegar. Ahora toca volver al pasado. Formato precuela. Controlar a aquel al que todos odian. El simple reto de gustar.

Y dentro de esta anécdota, la aventura será capaz de contarse en dos líneas temporales a las que solo les separan 76 horas y que, de forma muy apropiada, van menguando conforme avanzamos; a la vez que Josef se redime o despeja las incógnitas de los sucesos trascendentales que consumieron al circo y a la troupe.

“Pero en esa profundidad había destellos, luces que temblaban arriba. Y entonces pataleé, subí. Empecé de nuevo. Por extraño que suene ahora, no quería morir. Poco a poco, recordé. El principio del fin tenía un nombre: Asmodeo”. Una de tantas —y excelentes— escrituras. Durante esos tres días tenemos el privilegio de acompañar a Josef y a un diario sin candado alguno que relata los sucesos, su estado de ánimo y aquellos mitos sumamente religiosos que añaden un trasfondo no tan imprescindible como la propia aventura desea que así sea.

Las estrellas —además de la pluma que ha escrito las líneas de diálogo— son todos y cada uno de los miembros de la troupe; las abominaciones. ¿Cómo olvidar a Oliver, cierto? Aquí las disfrutamos aún menos. Gritamos error cual niño suplicando la piruleta. Nuestro raciocinio en la otra mesa. Puro capricho. Pero, tal vez, de igual modo se formen las lógicas. Gusto. Y la troupe nos gusta. Buscaremos algo diferente que poder saborear.

Los puzles. Todos tan sensatos e ideales, como mejorables. Capacidad para regalarnos mucho más, aunque en esta ocasión, se celebra el haber dejado atrás cualquier mínimo reto insustancial que sufría Oliver en la “primera” aventura. Aquí, por lamentar algo, tan solo el ver como una puerta se abre con un objeto que descansa en el suelo de la propia habitación. El reto de agacharse, casi duele por igual.

Curse of Asmodeus, completa de forma conveniente —y algo apresurada— los sucesos detrás de la tragedia del circo Vlad. Lo hará con el agradable baño en pixel que ya nos cameló dos años atrás. “Una maldición era la solución, por absurdo que sonara”. Josef jugando la última carta desde la mesa de la oscuridad. La humildad o bajeza que tan bien suele sentarle a la aventura gráfica. Volver, era menester. Acertar, tan solo un capricho. Una abominación es imperfecta per sé. Adorar a la troupe, una condena. El circo es el de fuera, y ese, no arderá.

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