Simon the Sorcerer: Origins

  • Desarrollador: Smallthing Studios
  • Plataformas: PC, Playstation 5, Nintendo Switch
  • Link Steam: click aquí
  • Lanzamiento: 27 de Octubre de 2025

«¡Simon! ¡Simon!» Diferencia de tono, intención, transmisión entre los alaridos de su madre y el de los amantes de la aventura gráfica. Vuelve aquel muchacho y los cuentos que encandilaron en los 90; formato precuela, de sentido vano. Tal trascendencia pierde su razón durante las nuevas correrías. No siendo lo único que echamos de menos. Una madre, a su hijo Simon. El mundo de la magia, a unos tomos. La aventura, a ciertas letras. Precisamente las que agitan; ese asentimiento mientras juegas. Lo que se celebra por dentro. Que nos devuelvan lo que consigue enamorar.

Massimiliano Calamia y Fabrizzio Rizzo lideran una fantástica idea… y tamaña responsabilidad.  En España hablaríamos de un “papelón”: revivir una saga que cuenta con al menos dos aventuras notables. Sin miedo, treinta años después, a por una más.

“Cuando el reposo de los tomos se perturbe, un muchacho elegido de otro mundo será invocado, y finalmente, el tesoro será reclamado”. He aquí la profecía y argumento. Simon, víctima del remedo y los pronósticos: un portal le absorbe al mundo mágico mientras esa alma —por adjetivarla en algo— oscura de Sórdido, se perturba al otro lado.

También Calypso. Veremos a personajes conocidos —por nosotros—, siendo el viejo mago quién nos guiará en los primeros pasos. El objetivo inicial es acceder a la afamada Academia fundada por el Mago Primigenio hace más de mil años. Y de esa legendaria figura se extrae un mito del cual ni la propia aventura confía. De igual manera la historia avanza; sin fe, a pasos desmañados, caminar inverosímil, influyendo en el propio Simon, quien no reacciona a la altura de lo que ocurre a su alrededor.

De cara a la galería. La figura de Simon es todo lo atrayente que debe ser, pero proporcional a los desaciertos. Su labia encaja poco o nada con el perfil que le han querido asignar. El humor desplegado es grato por momentos, pero ahí se terminan los parabienes. La edad, la personalidad, el citado perfil van cargados de paradojas. El guion y diálogos llegando permanentemente a una primera cita a ciegas con el protagonista. Simon apoyándose en la cuarta pared. Y la noticia es que por abuso tampoco termina de funcionar.

Con todo, es apuesto. El ojo y el oído de enhorabuena. El trabajo artístico realizado es magnífico, siendo tan solo la escasez de animaciones en algunas escenas de lo poco a lamentar. Maestría con los lápices y con esos dedos que entonan los acordes. Ni qué decir del hormigueo que produce escuchar las partituras retocadas. Brillantez para los sentidos.

Hablemos del “hechizante” reto. Algunos puzles dan la impresión de que se han integrado en la aventura como quien echa en la ensalada los cherry que pululaban por la nevera. Pensamos en la idea de los hechizos: no es original, ni inédita, pero sí perfecta, sin embargo, se ha explotado de forma vana, torpe y denotando una involuntaria obligación en su desempeño. Gran idea… que había que mimar.

Simon the Sorcerer: Origins es una de las grandes noticias del año pero que carece de lo que más presume: magia. Desengaños desde las sombras que no consiguen iluminar los focos. Una aventura con más capítulos que sucesos; por satisfacciones, parece poseer más objetos, hechizos, habilidades de sombrero que puzles. No obstante, es el regreso, que poco importa si era esperado o no. Lo sustancial reside en el gustoso escalofrío que nos da. Innegable la agitación que produce la vuelta de este muchacho. Respétenlo. A él y a la magia. Olviden los guiños a otros relatos. Simon the Sorcerer es el relato. Y siempre habrá lugar para un hechizo más.

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