The Dark Rites of Arkham

Desarrollador: Postmodern Adventures
Plataformas: PC
Link Steam: click aquí
Lanzamiento: 3 de Febrero de 2026

La vida del detective Jack Foster parece sorprenderle día tras día con un camino que no pensaba explorar. Lidiar con supuestos delirios para hartazgo de toda una comisaría no entraba en sus planes. Encontrarse con un cadáver ritualizado —y sin cabeza— mientras seguía la pista de un mero chantaje al alcalde, a buen seguro que tampoco. Habrá que sumar que en la escena del crimen reposa una mano calcinada sin autoría ni propietario. Y apuntar, que la noche es en la inquietante ciudad de Arkham. Sin olvidar disfrutar, ya que estamos de nuevo, bajo el horror que surge de los relatos, entre otros, de Howard Phillips Lovecraft.

Volvemos a los estantes de la biblioteca de José María Meléndez y de la figura del desarrollador más prolífico de los últimos tiempos en el mundo de las aventuras gráficas. Y lo hacemos con la ambigua sensación de clasificar su nueva obra como una más: placer ya reconocible en su faz manifiesta dada la innegable calidad que ofrece, pero, por otro lado, sintiendo un molesto zumbido que nos provoca la perseverancia en unos relatos que pueden llegarse a banalizar.

Asesinatos, sectas, resquicios de otros mundos y el grimorio irresoluble… tócala otra vez, si te empeñas. Sin embargo, el zumbido se torna imperceptible ante los ligeros resoplidos de orgullo y admiración que nos infunde la progresión de la aventura. Imaginamos a Jack Foster, cincelado en esa insolencia y descaro; fantaseamos con Harvey Whitman, su moderación, y el lápiz que lo dibuja como un ser ermitaño, retraído, “un poco rarito” en boca del capitán. Siendo ambos los protagonistas e irremediable la sonrisa que se nos escapa al pensar en que las dos, por igual, podrían ser las aristas de la personalidad del propio Meléndez.

“Desde que llegué a esta ciudad he percibido algo en el ambiente. Como si fuera el preludio a un suceso terrible que está por ocurrir”. Harvey anticipando la inexorable dosis de horror de esta historia. Arkham, tejida como un laberinto de investigación que esclarece a tres sospechosas del sádico asesinato hallado en el edificio Pullman: Keziah Mason, Mary Warren y Abigail Revell.

Los versados en este tipo de obras habrán reconocido alguno de sus nombres. El primer caso juntos de Jack y Harvey les enfrenta a tres brujas que, para más quimera, residen en Arkham, en una época que no es la suya y a las que habrá que invocar en busca de las respuestas que la razón no parece otorgar.

Luces que no iluminan, ni necesidad de ello existe. Difícil no prendarse de un trabajo en pixel tan turbio como maravilloso. Escenarios que detestas completar al intuir que el malvado desarrollador ya no te dejará regresar. Ese realismo sucio en el que cada contraste y luz elevan la escena. Los más viejos del lugar de enhorabuena. Y más sabiendo que la próxima, estará aún más predestinada a deslumbrar.

Un arma como mejor objeto de la aventura, suena lógico, ¿verdad? El reto indispensable de toda buena aventura se plantea esta vez en los bolsillos del detective Jack Foster desde un inventario que no fantasea ni decide ser hortera. Quizá esa osadía resida más en el propio desarrollador al provocar a los “plumillas” de ciudad. Empero, tampoco ello es una equivocación. La penuria sigue residiendo en privarnos a cierto público de un desafío mayor, quizá el hecho de enfrentarse a, como poco, tres brujas de poderes inabarcables mereciera una dosis de coherencia orgánica.

A hallar en otra parte. El crédito se granjea en la miscelánea de rescatar sucesos reales junto con la fantasía que recogen las páginas de relatos de renombre. Súmese a esto, el acierto y diseño de algunas escenas de relevancia como la persecución en coche dentro de un aún más lúcido “flashback” jugable erigido en método de exposición de la historia. Momentos de indudable atractivo y disfrute en contrapunto de padecer con algún sobrio submundo que desinflama el entusiasmo.

The Dark Rites of Arkham esconde el verdadero ritual que supone disfrutar de una nueva aventura del autor que merece aburrirse de leer loas. Invitación a la noche eterna de una Arkham repleta de terrores y de la aspereza de la vida que les ha tocado sufrir a los detectives Jack Foster y Harvey Whitman. La lealtad espontánea. La belleza de la sintonía. Dos muertos en vida que deberán salvar todas y cada una de las ajenas. No dudarán. Los súbditos tampoco. Cuestión de no rendirse. Tócala otra vez. Más.

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