Whirlight: No Time To Trip

Desarrollador: Imaginarylab
Plataformas: PC, Playstation 4-5, Nintendo Switch, Xbox One-Series X
Link Steam: click aquí
Lanzamiento: 14 de Mayo de 2026

Despertar de un sueño. Hilar pensamientos de forma continuada también te puede llevar a otro tipo de refugio mental; una ensoñación, quizá. Un físico, un inventor, podría pasar horas alejado de la realidad. Ajeno. Héctor May, por ejemplo. Su «cabalidad» —así, entre comillas—. La de quien le vaya a controlar, aún más.

El estudio italiano Imaginarylab regresa años después de trasladarnos a Bone Town con una aventura más depurada, a la que quizá habría que catalogar como odisea. Repleta, de todo aquello que imagines. Empecemos por el tiempo.

1962. O 1990. O 2045. Héctor May sufrirá la injusticia y usurpación de la propiedad intelectual de uno de los inventos en los que trabajaba en los últimos tiempos, con Theodore Maidman como el origen de la sinvergonzonería en un enfrentamiento que se disputará en décadas distintas.

Recusable, como poco. La elección de los viajes en el tiempo es tan recurrente, a su vez, tan arriesgada, y sí, se analice desde cualquiera de tus propios postulados, tan atractiva. Múltiples realidades —y sospechas— de una Verice Bay majestuosa.

Al amanecer, a media mañana, cuando se pone el sol o mientras las farolas exigen protagonismo. Las distintas técnicas gráficas dirigidas por Ciro Camera son un total acierto de escasísimos reproches. Ni se nos ocurriría citarlos, en este caso. Toca disfrutar de la ciudad en cualquiera de sus franjas horarias, al igual que de los reflejos, los objetos en primer o segundo plano, e incluso algunas animaciones. Para quitarse el sombrero.

Y algo de vida. Por si varias épocas no fueran suficiente, a la travesía por el tiempo se sumará Margaret Harck, joven que conoceremos de forma accidental tras la primera andadura lejos de nuestra época y que podremos controlar, intercambiar objetos del inventario y sumar a una causa que, por la extensión de la aventura, quizá haya momentos en los que no tengamos del todo clara.

Por extensión, o porque quien caiga en Verice Bay debe saber que está ante una de las aventuras con mayor número de puzles que se recuerdan. Cientos, y no es hipérbole. De todas las suertes, y no es sorpresa. Con tamaño reto, es fácil caer en la sensación de mandado. Argumentos los hay: todo personaje secundario requiere de —casualmente— un objeto y te recompensa con otro de forma infalible. Error latente. Pero el poso es de complacencia ante una elección y fervor por parte del estudio que roza la obsesión. Bendita seas. Especialmente cuando decenas de ellos funcionan con total legitimidad.

Pero agotan. Sus puzles no, pero sí sus excentricidades, sus ensoñaciones mientras Héctor está dormido o despierto, e incluso desnaturalizar un escenario corriente. Muchas ideas restan. La valentía reside en saber descartar. El objetivo de no perder el objetivo.

Las que no se pierden: las notas. A un trabajo de doblaje notable, tanto por extensión como por concordar voz y personaje, cabe sumar nuestro atrevimiento, capaz de enjuiciar la reiteración punzante de alguna de sus melodías; acertadas y puestas en valor —pese a la estandarización de esta exigencia— por la diversidad en cada uno de los escenarios. Sin embargo, debido a la envergadura del viaje y la brevedad de algunos temas, son miles las ocasiones en que la ola de algún estribillo rompe en nuestros oídos.

Whirlight: No Time To Trip es la citada odisea por distintas épocas en pos de justicia y, ya que se enfrascan en ello, de salvar el mundo. Un viaje al que le sobran abalorios y algunos clichés, pero al que jamás negaremos convicción, una dificultad ajustada y un apartado técnico de categoría. La deriva por el tiempo espoleada por viejos caballos. En esos en los que confiar. A pesar de lo estéril de su historia. A pesar, quizá, de nada.

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